¿Feliz 8 de marzo? ¿Feliz día de la Mujer? Gracias, pero no, gracias. No quiero que me felicites, no quiero tener que celebrar, quiero que deje de haber un día que recuerde que la mitad de la población mundial merece que se reconozca su esfuerzo, participación y presencia en la sociedad.
En vez de felicitarme por ser mujer, escúchame, entiende por qué necesito reivindicarme. No es por la brecha salarial, al menos, no en Metro de Madrid, aquello ya se superó hace muchos años.
Es por el resto de cosas que aún me obligan a esforzarme de media el doble que a mis compañeros masculinos; es porque yo necesito demostrar que puedo hacer el trabajo bien, que puedo alcanzar la excelencia (si es que eso existe realmente). Quiero que cada vez que hablo en público, no vengas a desautorizarme o a replicarme y contradecirme; y sí, hazlo cuando no tenga razón, por supuesto, pero no lo hagas porque necesitas tener la última palabra. Quiero dejar de sentirme fuera de lugar cuando entro en Talleres Centrales o en un cuarto de Maquinistas, y no, no es porque ningún compañero me diga que me vaya o que yo no pinto nada allí… ¡claro que no, faltaría más! Lo tengo “grabado a fuego en mi ADN”, tengo interiorizado que ese no es mi sitio, porque soy mujer, yo misma tengo que luchar contra aquello que he oído, visto, o sentido toda mi vida. Porque sí, nosotras, las mujeres, también hemos asimilado esos comportamientos nocivos contra nosotras mismas y necesitamos luchar contra ellos por el bien de todas y todos. Por eso, necesitamos escucharnos, analizarnos, dar importancia a todas esas veces que en una conversación nos hemos sentido mal, fuera de lugar o inferiores y no hemos sabido identificar por qué.
Sí, hemos avanzado mucho, pero nos queda la parte más difícil. No tiene sentido, al menos para mí, insistir en el logro que supone poder votar, abrir una cuenta en el banco o poder trabajar, claro que no, igual que no celebramos haber descubierto la penicilina. Estuvo muy bien en su momento, fue una revolución, pero eso ya se queda corto. Ahora queremos derribar las pequeñas barreras, esas que parecen tan pequeñas que casi no se ven, por eso son tan peligrosas, porque pasan desapercibidas. Pero yo he contestado llamadas preguntando si una mujer podía presentarse a una convocatoria de examen de Metro (promoción interna). Si todavía tenemos dudas de si podemos acceder a un colectivo, es que aún creemos que hay cosas que están reservadas para hombres, seguimos considerando que hay sitios, lugares o puestos de trabajo que no son para nosotras.
Por eso, desde mi posición privilegiada, desde el altavoz que supone poder hacer esta publicación y que llegue a todos mis compañeros y compañeras de Metro, tengo que decirlo, tengo que alzar la voz, reivindicarme por mí, por ti y por todas. Porque agradezco mucho el esfuerzo de todas aquellas que estuvieron aquí antes que yo, me sumo, y espero que vengan otras tantas después de mí que lo sientan tan necesario como yo para que, algún día, deje de ser necesario; las barreras grandes sean un mal recuerdo, y las pequeñas hayan desaparecido, y nuestra sociedad sea un entorno equilibrado, equitativo y amable para el conjunto de la sociedad, en la que participamos todas y todos.
Raquel Ballesteros
Secretaria General del Sindicato Libre
