Si algo ha arrojado la firma del convenio 2025-2028 ha sido un descontento y enfado en toda la plantilla. Como firmante, pero nada defensora del apocalíptico texto, no deja de resultarme tremendamente curioso que, menos de un año después de la firma, me encuentro con personas que en su día defendían a capa y espada las bondades del mismo, y hoy se echan las manos a la cabeza por los desmanes que está provocando su puesta en marcha.
En primer lugar, me resulta alucinante la cantidad de conversaciones que giran en torno al dinero. Si algo nos ha dado este convenio de manera generalizada, ha sido dinero. Casi 8 veces más dinero que el convenio anterior. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿por qué tenemos esa sensación de que no se corresponde mi salario con mi esfuerzo? Pues, en mi muy humilde opinión, porque no nos lo hemos ganado. Porque es “un regalo envenenado”. Este convenio, a diferencia de los anteriores, no ha tenido una negociación real y activa en las mesas de productividad, nadie hemos negociado unas medidas de aumento de tareas a cambio de ese dinero. Incluso, a más, se ha visto satisfecha la solicitud de muchos colectivos que querían tener prima de eficacia. Pero no así. El resultado ha sido un aumento económico sin precedentes, una cantidad económica que no habíamos alcanzado en ninguna negociación anteriormente, ni pactando las grandes reestructuraciones de la compañía, pero que ha dejado a todo el mundo frío.
Se ha producido una desvinculación entre la percepción que tenemos de nuestro trabajo con lo que nos pagan por él, porque no lo hemos peleado. Diariamente recibimos llamadas reclamando negociar mejoras económicas por motivos de lo más variopintos, la mayor parte de ellos son cosas que ya estaban dentro de nuestras funciones, pero no solíamos hacer, o por hacer un trámite más, una modificación en una manera de trabajar, etc. Cosas que en ningún otro momento se nos habría ocurrido a nadie reclamar porque ya nos sentíamos compensados en esfuerzo/salario por la vía de la negociación. Esta vez, no hemos asumido un aumento de tareas, porque no las hemos negociado, y tampoco asumimos ese aumento que han percibido nuestras nóminas. Parece que hemos interpretado que ese dinero ha sido “concedido” como una compensación a una afrenta personal perpetrada por Metro hacia cada uno de sus empleados, como si fuera algo personal, y ahora, queremos que nos paguen por lo que hacemos.
SPOILER: NO. Aquí no hay nada personal, esto son negocios. No hay más mesas de productividad, no hay más negociación para aumentar las cuantías económicas. La bolsa del dinero en lo que a productividad se refiere está repartida, ingresada y gastada.
En cuanto a las primas de eficacia, es otro de los aspectos curioso. Todos queríamos prima de eficacia. Los que no la tenían porque su colectivo está sujeto a Complemento Variable, veían cómo en comparación, los niveles inferiores cobraban X por cada día que se presentaban en su trabajo y desde que ascendieron ya no lo sienten reconocido. Quienes, habiendo promocionado, veían cómo su salario había menguado porque ya no percibían este complemento y querían recuperar ese dinero que habían dejado de percibir. Todos, con sus argumentos bien asentados, querían ver reconocida su presencia y esfuerzo y les parecía una manera óptima hacerlo por esta vía. Llega este convenio y les concede sus deseos, y nuevamente, caos total. Cada uno establecíamos una referencia que mejor nos venía para que fuera el punto de partida de la cuantía económica que considerábamos nos debía corresponder, y evidentemente, nadie miraba a la parte baja de la tabla. Todos tirando al medio-alto. Si este tiene 20, yo parto de ahí y por cada función/tarea/responsabilidad, que me sumen unos euros. Este planteamiento, que con el argumento de cada quien puede tener cierto sentido, está totalmente desconectado de la realidad.
Es evidente que nadie quiere mirar al pasado y analizar por qué otros colectivos cobran lo que cobran en prima de eficacia. Años de reestructuraciones, años de asumir funciones, de cambiar sistemas de trabajo, de perder personal, de reducir tiempos de trabajo, de hacer menos personas el mismo trabajo, y un larguísimo etcétera han llevado a la situación actual de grandes descompensaciones económicas. ¿Quiere decir esto que me parezca bien o justa esta situación? NO, ni mucho menos. Simplemente es la realidad, y no se puede obviar de ninguna manera, por poco que nos guste y por mucho que nos pese. Era desproporcionado pensar que las nuevas primas de eficacia iban a empezar a contar desde dos cifras. No era realista y en nuestro fuero interno, todos lo sabemos. También es cierto que los colectivos que se han quedado con 1 triste euro en prima de eficacia pueden decir, ¿y lo mío es realista, justo, adecuado?, pues tampoco, las cosas como son. Pero teníamos que elegir entre mierda y caca, así que, cualquiera que fuera el resultado, iba a ser insatisfactorio.
No pienso empezar a estas alturas de la película a defender el texto de convenio que firmé en abril del año pasado. Sigo pensando exactamente lo mismo que entonces, era y es un error, este convenio es infame, anómalo y una bomba interna en las entrañas más profundas de Metro de Madrid, que es la empresa que me lleva dando de comer toda mi vida y que espero que lo siga haciendo lo que me quede de ella. Sin embargo, mis motivos para pensar esto no están relacionados en absoluto con la parte económica. En lo que a dinero se refiere creo que todos deberíamos mirar en perspectiva de dónde venimos, ver que en los últimos 10 años hemos pasado de: un ERE y cero medidas económicas, reales decretos que nos descontaron durante seis meses un gran mordisco de nuestras nóminas y que respaldaron el no cumplimiento de las medidas económicas pactadas y ya, en tiempos mejores, la reestructuración total del personal de estaciones a 1€ por cabeza. Venimos de ahí y hemos llegado a lo actual, subidas de niveles, primas de eficacia y prácticamente ninguna medida adicional de mejora de la productividad.
Raquel Ballesteros
Secretaria General del Sindicato Libre
