Participar en la negociación de un convenio colectivo es impresionante. Da mucho vértigo saber que de tu capacidad puede depender no solo tu futuro, sino el de las 7000 personas que conforman Metro de Madrid. He pasado los dos últimos años tratando de prepararme para esto, haciendo cursos de gestión del conflicto, negociación, inteligencia emocional… pero cuando llega el momento, parece que nada de lo que hayas hecho es suficiente, nada te prepara realmente, el vértigo sigue ahí.
Luego recapacito y pienso, Raquel, no estás sola, en primer lugar tienes a tu equipo, aunque sé que tienen tanto miedo como yo, y hay otros cinco sindicatos, aunque eso da para un libro cada uno (en mi opinión, claro está).
Los primeros días la emoción por el inicio de la negociación era total, luego ya cuando compruebo que, un año más, vuelven a estar sentadas al frente las mismas personas, que el ritmo no avanza, que nadie parece estar tan emocionado como yo, se me desinfla la burbuja.
A los pocos meses, cuando ya me había acostumbrado al ritmo cansino, por lento y repetitivo de las reuniones, entré en pánico con dos noticias: la exigua contratación de J. Sector y la automatización de la línea 6. La combinación de ambas me hizo ver un futuro muy negro para mi colectivo, solo pensé en cosas negativas: cada día somos menos, sé que la desesperación y la ansiedad de mis compañeros y compañeras está a límite, y que solo va a ir a más. Más estaciones a tu cargo, más problemas, más desplazamientos, y cada día, menos personas con las que hacer cambios, más gente que se quiere ir del colectivo… en fin, todo mal. No me avergüenza reconocer haber estado en varias ocasiones al borde de las lágrimas por ello, la frustración de no poder hacer nada por cambiarlo me consume. No obstante, cada día me digo que no puedo caer en la completa desesperación, “tengo en mi mano” la posibilidad de mejorarlo; no será rápido, no será fácil, pero tendrá que ser. Por eso, cada día me obligo a buscar soluciones, me siento con el equipo del Sindicato y buscamos alternativas, propuestas y soluciones que puedan mejorar nuestro futuro. Aún queda mucho por negociar, pelear y hablar, solo espero estar a la altura de las circunstancias, y aunque sé que nunca lloverá a gusto de todos, sí espero ser capaz de mejorar la situación de la mayoría.
Hago mías las palabras de un cantante que me tocaron la fibra: «ser optimista en estos tiempos, es revolucionario. Las personas que queremos ser cambiadoras de sistemas, no podemos permitirnos ser derrotistas.»
Raquel Ballesteros
Secretaria General del Sindicato Libre
